lunes, 31 de diciembre de 2012

13.2

Nunca puedo dormir con tranquilidad y hoy decidí ver una película de amor en vez de dormir. Siempre es una mala idea que yo haga cosas que sé me deprimirán. Es un afán masoquista terrible y debo recordarlo.

"Paige: I vow to help you love life, to always hold you with tenderness and to have the patience that love demands, to speak when words are needed and to share the silence when they are not and to live within the warmth of your heart and always call it home.

Leo: I vow to fiercely love you in all your forms, now and forever. I promise to never forget that this is a once in a lifetime love"

[The Vow.]
Estoy loca, por la cresta. E insomne.

[Seis y diecinueve.]

13

Me hice un piercing y se va a acabar el año. No soporto el calor del verano y ya me he leído tres libros de los que saqué. Me queda media botella de tequila y nueve cigarros -Lucky Click, por supuesto-. Todavía no me corto el pelo y voy en el cuarto prestigio de Call of Duty. Aún no como milcao y tengo unas ganas imposibles de jugar basquetball. Debería hacer una lista de deseos para este año pero ando con demasiada flojera como para eso; el calor me aturde y estupidiza.

Hace poco le mostré parte de mi vida escrita a la Pantufla porque me da pánico borrar todo eso de mí. Ando tan enojada conmigo misma y la vida que siento que en cualquier momento voy a explotar y dejar zorra entera con todo lo que he estado tratando de cuidar desde agosto. Odio agosto con el alma, es un mes que debería extinguirse y desaparecer de mis calendarios.

La cosa es que quiero escribir largo y tendido de las historias que se me vienen a la cabeza y, para ser sincera, la mayoría son de amor. Estoy apestada, pienso, y por eso prefiero mirar como los damascos de mi patio maduran a sentarme frente a un word o un cuaderno y dejarme fluir.

Quiero melón con vino y quiero no sentirme sola y angustiada cuando trato -por horas- de dormir.

[Dos y once.]

jueves, 20 de diciembre de 2012

12

"Me sentí morir, ¿sabes? Ardiendo desde mi centro hacia todas mis extremidades, como si mi sangre fuera magma. Se me distorsionaron los ojos de tanto llorar y entre estalactitas quedó atrapada mi voz, ahí a la altura del esternón. 

Mi pecho comprimido, angustiado y mi cabeza pulsando en cada exhalación.

Afiebrada de dolor, agotada, jadeante. 

Mi cuerpo quiso rendirse ante tu ausencia entre los aullidos lastimeros de mi alma. Quisiera poder describirte mejor mi estado cuando te soltaste de mis brazos -con apenas un roce de labios- mas perdí la consciencia de mí misma en el momento exacto en que me diste la espalda. 

Recuerdo tu olor en mis manos y tu pelo, largo siempre, ondeando sobre tus hombros; tus pasos rápidos y tambaleantes en el andén. 

Quedeme sin corazón... te lo dejé entre los dedos. Lo contemplas todas las noches cuando te invade el frío y mis manos no se cierran sobre ti. Luego se me perdieron los días, las horas, los nanosegundos. Y aún no los tengo, tampoco mi respiración y el brillo de mis pupilas.

Te fuiste con todo y sólo dejaste una piel vacía. Sí, es verdad. 

Me sentí morir ese día y los que le siguieron. Aún, debería admitir. 

Estoy moribunda de este amor que siento por ti."

----

Se viene el fin del mundo. Creo que lo estoy medio esperando aunque en mi fuero interno sepa con exactitud que es el mar el que me quitará la vida.

En el agua, en el agua yo dejaré de existir.

[Cuatro catorce.]

viernes, 14 de diciembre de 2012

11

Anda un zancudo en mi pieza. Puto zancudo que me tiene inquieta entre el calor, la poca ropa y la falta de sábanas. Creo que ahora sólo me tapo con mi -y a la vez no- mantita porque no se me ocurre otra forma de inducirme el sueño. Decir que tengo insomnio me parece ya vago y superfluo, como de bajo nivel, como un eufemismo. Mi cerebro va a colapsar uno de estos días porque no descansa.

Saqué catorce libros para leer -uno más y quizás me fumaba una cajetilla entera-, mis clases terminaron, mi ayudante de Modelos fue la última clase con los labios rojos. La elegí por eso el primer día y no se dignó a maquillarse en ninguna puta ayudantía excepto la final, claro; creo que estaba embobada mirándola y perdiéndome en pensamientos que ya se me hacen lejanos. Aún me falta saber si pasé ese ramo o no.

He descubierto, también, que los temas burocráticos se me hacen terriblemente tediosos y que durante el día, a todo sol, ando más abrigada que por las noches, que hace frío, y yo me rehúso terminantemente a vestirme siquiera. Y está el hecho de que hay gente a la que le importo, hay personas que verdaderamente me quieren. 

Hoy, hablando y no hablando de mí, así medio abstrayéndome del aquí y el ahora, me di cuenta de que no disto mucho de los griegos y los romanos, de Aquíles. Sí, así de soberbia y presuntuosa con eso, de compararme sin rodeos con el espartano más conocido de esos tiempos, y es que creo que en parte Grecia me encanta por eso, por Aquiles, porque él sabía bien que la carne y la vida tienen un fin, el mismo fin miserable e inevitable -¿inefable?- que compartimos en esta época los seres vivos, pero que el nombre es capaz de prevalecer eras y eras. Y puta, sí, yo quiero eso, pero no a gran escala, no me interesa que el mundo me conozca, me importa más dejar una huella en quienes conozco. Una marca de esas de "oh, cuando yo iba en [inserte institución en la fui parte de su vida] conocí a la Thiare, una persona loca y arrebatada que era brutalmente honesta con todas sus opiniones y juicios y que [inserte aquí cosa que más le marcó de mí]", como que sé que es narcisista y egocéntrico pero no vale la pena que yo pase por la vida de alguien como pasan las nubes o los rayos de sol todos los días, no, yo quiero ser como un desastre natural que se recuerde y que haya dejado algo valioso detrás. 

Creo que me da miedo no ser en una persona, no tener peso y significado. No sé en verdad, suena más superficial y estúpido ahora que lo escribo, en mi cabeza tiene todo un puto sentido.

La verdad nunca es plana. La vida se da vuelta de carnero a veces. Ruth me remece todos los días.

El problema de querer dejar esa marca es que si quisiera suicidarme sería el caos. A veces lo pienso, tirarme en un puente donde abajo corran autos, habiéndome tajeado las venas previamente, por cierto, que hay que tener cuidado con no fallar, creo. Mejor dos métodos juntos que uno sólo -aunque vaya contra la ley de probabilidades que dice que entre más se suman factores, más grande se hace el abismo para su realización-. Pero sería dolerle a quienes me importan de verdad, cagarles un poco la psiquis, más que mal, es raro alguien se mate sin dar explicaciones, sin dejar una carta detrás. Así, de un día para otro, que yo dejara de existir y punto. Nunca más yo.

Van más de cuatro meses ya. Cuando me preguntan "¿y tu corazón?" -a veces aplican el diminutivo y yo me pongo mala leche- yo respondo siempre lo mismo, una frase sencilla que corta de una el hilo conductor de la conversación hacia esa área de mi vida. Digo que no está en mí, está en las manos del amor de mi vida. Algunos me miran con pena, otros con sorpresa, porque responder con tal honestidad y certeza es un poco raro, harto raro en verdad tomando en cuenta que sólo tengo veintiún años, no más que eso. Pero qué cresta voy a hacer si así siento y así sé. Si esa es toda una vida para mí, es toda mi existencia.

Mi mundo tiene sus verdades, lo mismo mi vida y mis zapatillas. Decidí ser y respirar de una forma -dentro de lo que puedo tener libre albedrío con eso- y bien tengo claro que eso me conforma, me estabiliza y me empuja.

Estoy cometiendo locuras, sí. Que irme a Viña, que irme a San José de Maipo de noche, que irme a los cerros, que bautizar rayitos de sol, que bailar a las cinco de la mañana en vez de ser un humano normal y dormir. Ahora me quiero ir a Chiloé. Y una parte de mí siente que esas arrancadas son una forma de escapar de la opresión de mis pensamientos y verdades, de un sentir y un amar que me duele exteriorizar.

Una vez escribí que el amor de mi vida me esperaría en mi estación de metro sin saber siquiera mi horario, ahora pienso más bien que es la revés, que soy yo en la estación, enloquecida de sentir, aguardando, esperando, queriendo besar y mirar. Existiendo. Amando.

Hoy ando compleja y sin estilo propio al escribir. Es que no tengo uno en verdad. Como no tengo olor distintivo ni tampoco sueño. Carezco de tanta weá importante, oye.

[Dos veintisiete.]

martes, 20 de noviembre de 2012

10

Tengo un poco de nostalgia, de recordarme en cuarto medio con todo el desplante que la soberbia y la inteligencia me daban, con todo el poder que podía proyectar tan sólo con ser y existir con las seis letras de mi nombre marcadas en mis ojos. Fui todo un personaje durante mi estadía en el colegio y el roce que tenía con los profesores es algo que hasta el día de hoy me hace sonreír. Voy a ver a algunos para tomar once, con otros -otra en específico- chateo hasta las tantas de la mañana cuando nos pillamos en internet.

Para mí salir de cuarto medio no fue un choque contra la realidad ni algo memorable en sí, no hice catarsis hasta casi un año después, jamás caí en verdadera cuenta de que terminaba una etapa y que con ella se acababan un montón de seguridades que no he vuelto a tener. Pero no extraño más que momentos de ese tiempo, ciertas personas y lo dominante de mi personalidad. ¡Puta que era sublevada en ese tiempo! Y tan cara raja al plantarme frente al mundo. Bueno, no he cambiado tanto en ese aspecto.

Cuando pienso en mi graduación me invaden una serie de pensamientos y sentimientos que no hallo cómo esquivar; mi licenciatura fue un día raro y complejo. Estaba incómoda con un jumper que en más de trescientos sesenta y cinco días no había usado, no tenía ningún lugar académico por el que subirme al escenario, fui la última a la que llamaron, no podía mirar a la Xime por más de cinco segundos seguidos sin que ella corriera la mirada con miedo y dolor, no sentía ningún puto apego por mi profesora jefe ni por mi curso en general, sólo sabía que iba a extrañar al Negro, a la Eva, al Mati y que al Diego y a la Karol jamás iba a dejar de verlos. No lloré cuando todos se abrazaban y despedían -en un sentido u otro-, no asimilé era el fin de un proceso. Al contrario, estaba ansiosa por la PSU, por entrar a la universidad y manejar mi propia libertad, emocionada por ser dueña de mis pasos y despegar hacia la luna.

Ahora pienso en graduaciones y no puedo evitar rondar dolorosamente lo que fue no estar en la licenciatura de ella, en tener que conformarme con unas cuantas fotos de su sonrisa mal contenida y con una carta mal doblada que le hice llegar tránfugamente. Fue vivir de nuevo un momento que llevaba casi dos años enterrado, jamás me sentí más lejana de mi pasado como en ese instante, como si siendo escolar mi existencia hubiese sido más trivial y superficial que la de ahora. En parte lo fue, perdida entre una relación imposible y emocionalmente agotadora, unas expectativas altísimas, una soberana irreverencia ante todo lo que fuese distinto, una ninfa de las nubes lujuriosa que jamás fue mía y un miedo insensato a asumirme con todas las imperfecciones de mi alma.

Fui atea, intolerante, prejuiciosa, explosiva y poco transparente. Era existencialista, destructiva y cobarde. Siento que mi crecer fue convertirme en alguien más medida, más honesta y más fuerte. Quisiera sentirme pasiva, relajada y centrada pero sería mentirme a mí misma, lo irónica va inherente a mi huesos. Lo soberbia también. Mis juicios se han vuelto más precavidos y con certeza puedo afirmar que soy tan brutal con la verdad como estructurada fui en matemática en esos tiempos.

Y si estoy nostálgica en este momento es porque toda la semana fui consciente de que la Cristina se graduaba, de que cerraba un ciclo, de que ya no es tan pequeña como suelo considerarla en mi fuero interno. Es cierto que veo el colegio medio lejano de lo que es mi vida actual pero es innegable que gran parte de mi carácter se forjó allí, junto con mi visión de mundo y mi manera de enfrentar a las personas. Entonces veo fotos de la graduación de cuarto y no puedo más que sonreír orgullosa de que la Cristina esté en mi vida, de que nos una un lazo de amistad tan fuerte y de que sea más mujer que niña en mi cabeza ahora. Quisiera verla, abrazarla y contarle que el próximo año voy a ir a verla barsamente en cualquier lugar en el que decida estudiar, aunque el mismo me signifique algún grado de dolor. Su salida de cuarto medio es también un puente entre su libertad y la mía.

Aprendí a armar un cubo rubik a los diez y siete años.

[Doce cuarenta y cuatro.]

viernes, 9 de noviembre de 2012

09

¿Y qué cresta pasó con tus ochenta y mis ochenta y dos? Con mi sillón burdeo y tus paredes de colores. Dime, cuéntame, explícame dónde está esa mirada en el café, el naranjo, los números imaginarios y tu jumper verde. ¿Sabes que es lo más triste? Que nosotras trascendemos los nanosegundos, los yoctómetros, las palabras y hasta la vida, mi amor, sabemos.

Mi novela avanza a un ritmo condenadamente súbito dentro de mi cabeza pero es inexistente en el papel -incluso en el virtual-. Ahora estoy chata con el puto poster de Taller III y mañana hay un carrete en Gomez Millas al que no voy a poder ir. Estoy pegada con Somebody that I used to know, con el video y la canción y la letra y las intervenciones de la mina. También me terminé un libro y quiero copiar una frase que me encantó.
"El día del entierro comprendí por qué en las películas los funerales se filman siempre con lluvia. En el cementerio donde lo enterraron los pájaros cantaban, había flores, el césped brillaba. Comprendí que la luz del sol es despiadada, son las sombras las que nos protegen.
Ningún gesto se escapa de la vista de los demás. Ningún rictus de dolor. Con tanta luz, con tanta claridad, era más dramática aún la idea de la muerte.  
[Los ojos del perro siberiano.]"

Temblar con la sola idea de que yo no exista más, ni un sólo minuto más bajo este cielo, respirando este mismo aire... sin luz en mis ojos nunca más.


[Tres cuarenta y tres.] 

jueves, 8 de noviembre de 2012

08

"El mar la llamaba y ella se entregó."

Y me fui a la playa, así, un miércoles en un bus cualquiera, por unas horas. Dije que era para comer reineta -forever antojada- pero más era para estar con mi amado mar. Con su fuerza, su rugir, su explotar cíclicamente y su frío. Porque me encanta el agua que me congela hasta el espinazo y las mareas de bandera roja para arriba; así me crié.

Tenía miedo de ir, la última vez que pisé arena mi corazón estaba lleno y pleno, mis besos tenían destino y el oleaje me traía un sólo nombre a la cabeza. Hoy fue como volver a la soledad tranquila que siempre me causaba estar frente al mar, meterme en el agua y saber con certeza que le pertenezco. Pero el rumor de las olas no cesó de enunciar un nombre, ese mismo nombre y el cigarro terminó por consumirse entre mis dedos.

Decidí el tema de mi primera novela, va a ser casi ridículo el parecido con mi vida y las de quienes se entrelazan con la mía. Los cambios van a ser sutiles pero suficientes para cambiar todo aquello que yo no he querido. No me arrepiento de mis decisiones o de mis acciones, cuando pienso en el pasado tiendo más a querer revivir ciertos momentos, ciertos roces y ciertas miradas.


¿Es normal vivir pensando en ella? Estar como posesa recordando, sintiendo, vibrando... estoy terriblemente jodida, por la chucha.

Entonces eso, mi novela va a ser absolutamente predecible. Ah, por cierto, en mi funeral no quiero claveles, quiero que derramen tequila en mis flores en vez de agua y que nadie llore. Soy cruel, sé.


[Una y cinco.]

lunes, 29 de octubre de 2012

07

Tan equivocada y hasta hoy sólo me doy cuenta. Hasta ahora que el corazón me late desbocado, confundido, angustiado... de saber con tanta certeza la verdad. Quisiera prometerme que nunca más, que jamás en la vida otra vez. Y no puedo. Es que no creo más, me agoté ya.

¡Cuán imbécil, por la cresta!

[Dos y veintitrés.]

sábado, 27 de octubre de 2012

She I

Soñé que estaba con una mujer en una cama. No tenía un rostro definido, tampoco olor, ni siquiera una voz que pudiese reconocer. Su cuerpo no me transmitía calor alguno y su sonrisa no me producía nada. En un momento traté de hacerle reír incontrolablemente con mis dedos y no lo logré. Y ahí supe, justo en medio de mi sueño, que ella no era la mujer de mi vida, que su tacto no me hacía vibrar y que me faltaba el alma entera.

Mi ella, el amor de mi vida, la mujer de mis verdades, sonríe con amplitud ante mis manos y mis ojos. Le gusta que seamos un cíclope a veces y sabe exactamente cómo moverse cuando yo detengo mis besos en busca de otro espacio, otra superficie. Ella, ella que me siente y no sabe, como yo tampoco sé, besarme con normalidad, sin morderme los labios y la lengua con ahínco. La que con dificultad se desprende de mis manos y mi cuello. Con las piernas fuertes para escalarme de un salto. Nunca apoyada en el closet y con serios problemas ante mi diversión por su ombligo. Ella que jamás en la vida podría dormir bien sin mí, con cada pedazo de mi cuerpo apegado al suyo; que jamás podría vivir sabiendo que yo ya no respiro más en este mundo a la par que ella, que ya no nos refugia el mismo cielo. Ella que sabe todas mis verdades y gestos así como yo me sé a la perfección su respiración y su piel, yoctómetro a yoctómetro.

La mujer de mis suspiros que es veloz para correr, que lee más rápido que yo y que se adentra más lejos en el mar que mis propios pies. Que reconoce mis manos en su cintura, su cadera, sin siquiera voltearse a ver. Ella a la que se le confunden los números y la operaciones matemáticas pero las letras y las palabras no, convirtiendo los juegos de palabras en uno de mis deleites favoritos. Sí, ella, mi ella para toda la eternidad. La que quizás algún día lea esto con el aire contenido entre sus labios, con el pulso un tanto desbocado y con una sonrisa -triste, pienso- de saberse escrita aquí, hoy, en este preciso momento. Con los ojos llenos de luz acuosa así como de pajaritos revoltosos tengo yo el pecho lleno.

Mi amor, mi vida, mi verdad. Ella, a la que amo por simplemente ser y existir, ella, que me ama sin poder evitarlo, temblando hondo en lo blando por mí como yo por ella.

Y yo, yo que en plena hecatombe sonrío de saber que ella tiene mi sangre dentro de si. 

She, my unique bird charmer.

[Quince y dieciséis.]

domingo, 21 de octubre de 2012

06

En noches así me pregunto si no estaré mintiéndome a mí misma con esto que pretendo ser, con la manera que tengo de acercarme a las personas y abordar las preguntas que me surgen. Hace años me definía como antisocial y ahora, ahora no sé si me gusta esta forma de ser que ya se ha hecho tan mía.

Dos días atrás vi a la Raisa en el metro. Era dos cursos más arriba que yo, en la revolución pingüina fue la que dirigió a los alumnos de mi colegio y siempre me abismó su forma de ser. No entendía cómo cresta tanta fuerza y tanto temple podían caber en una sola persona, cómo era que en sus discursos las palabras fueran tan hiladas sin que las preparara. Quedó embarazada en cuarto medio y fue cara raja a las clases y al colegio, no importaba lo que nadie dijera. Ella, creía yo, daba pasos certeros, independiente de si fuesen correctos o no, de si estuviesen en su plan de vida, pisaba firme y hondo, sin tambalear.

Eso hace que me cuestione si yo soy capaz de hacer lo mismo y no puedo darme una respuesta, no termino de decidir si me gusta esto que soy ahora, esta mujer asumida en su humanidad amante de tantas cosas, perdidamente enamorada y a la espera, preocupada de tantos detalles, agresiva para hablar y brutalmente honesta.

Quería ser una huracán de pisadas firmes y me topo con que me asemejo más a una tormenta que rompe las nubes y la lluvia. Me gusto, sí, pero sé con certeza que podría mutarme de otras maneras que fuesen menos dañinas y más tranquilas. Como si buscara ir con los puños por delante, preparada para sacarle la chucha al primer imbécil que se me cruce. Y mi corazón que no está en mi pecho y si entre las manos de ella. Con mi sangre dentro... sonrío de verdad sabiéndolo.

A ratos creo que pasaré en las personas como pasa una estación de cualquier año en cualquier siglo. Pero no, me he convertido en un ser a tal punto destructivo con las costumbres de quienes me rodean que parece ser imposible que no quede nada de mí.

Me quiero ir lejos. Tan lejos que el corazón me duela tremendamente y tenga que devolverme a buscar lo que es mío, que la renuncia deje de ser una verdad y se transforme en el encuentro. Después de todo, el tiempo es una mierda y por más que mire todos los espejos existentes el único reflejo que van a proyectar es el mío. Siempre el mío.

Que no hay dos Thiare en el mundo. Sólo una como yo, con mis inseguridades, mis miedos, mis manos, mis sonrisas, mis verdades, mis zapatillas y mis besos. Ni una sola otra en la vida y la existencia.

Just me, I'm so fucking sorry!

[Dos y cuarenta.]

lunes, 15 de octubre de 2012

05

Me siento triste, de esas tristezas que son parte del alma y con las que la vida se sigue moviendo a pesar de que no tienes puestas las zapatillas.

Hoy no puedo mentirme, ya no tengo fuerzas para acallar mis sentimientos. No.

Estoy tan enamorada de ti y te amo tanto...

[Dos veintinueve.]

martes, 9 de octubre de 2012

04

Una de mis primas me pidió un extraño favor, un poema primero y luego un poco de prosa metafórica, esto es lo que resultó.

"Mi reflejo en el espejo,

Ojos y manos. Una sonrisa esquiva,
Fugaz, quizás perdida.
Esto soy, esto contemplo.
Un cuerpo joven a lo viejo,
Dos ojos que rebosan colores,
De los árboles, del sol, de los cielos
Y la vida que pulsa, envenada en la piel
Soy mi reflejo. Yo, así.
Un nombre y un cuerpo. Alma a la vez.
Tantos recovecos inconclusos
Mas rojo sobra en los labios.
Y así me hallo, así me quiero.
Con todo esto que arrastro
Perdonada la humanidad
¡Y los desperfectos!
Pues esto soy, vivo.
Heme aquí, me acepto.
Me pinto, me delineo la sombra.
Me calzo los zapatos y al mundo se ha dicho.
Difícil ha sido, verdad.
Pero si yo no, ¿quién?
Me quiero así, única en el cielo.
Respirando, danzando.
Yo, aquí, reflejada por entero en el espejo.
Amándome de a poco en subida."

Me gusta más este, eso sí. Lo sé, es más yo, más mi oscuridad en palabras...

"Así como pasan los inviernos, los días, los segundos, así paso yo también por la vida, caminando invertidamente y sin rumbo. La oscuridad que me circunda proviene de mi interior, a cada exhalación se arranca para abrazarme, me rodea, me hiere, me entume. Imperfecta, equívoca, errónea, así soy. ¿Cuánto vale un cuerpo desgastado y un alma que ni siquiera alcanza a relucir? Opaca entre tanto color, distante de lo que en verdad vale la pena. Como si mi existencia sólo fuera el funcionamiento automático de un conjunto de órganos, si armonía, sin tranquilidad. Y me rodean susurros de odio, mi propia voz iracunda por no ser ni la mitad de lo que soñé una vez ser. Tanto plan, tanto sueño perdido entre mis manos, desgastado por tanta mentira e ilusión falsa. Esta es mi verdad, un vacío de irónica asimetría, no hay más en mí, no, ni una sola luz que guie mis pasos."

Quiero dejarlos aquí, no puedo permitir que se pierdan como tantos otros escritos.

[Una y veintinueve.]

lunes, 8 de octubre de 2012

03.2

Es que me tenía que subir esto.


Bailo y bailo.

03

Tengo una entrada a medio escribir pero no es esa la que subiré hoy y quizás cuando puta lo haga en verdad, quién sabe, así de impredecible; ahora quiero subir esta canción. Esta película y este compositor mueven una parte importante de mi mundo y mis pasos. Tanto en pasado como en presente, también en futuro.

Me pasa a veces que necesito bailar para despejarme, quizás más que bailar hacer que todo mi cuerpo fluya con melodías que me hagan suspirar de colores. 

No siempre son depresivas, no siempre soy yo tan oscura. A ratos sonrío gigante y me lleno de escarcha, ya no oculto esa parte de mi misma. Y bueno, siempre ha existido en mí una negra sabrosona de cadera suelta y pañuelo en la cabeza a la que le encanta disfrutar de la tierra en los pies. Y de bailar como condenada, así como con el trópico en las piernas.



Me voy a acostarme temprano más mejor, y con eso quiero decir que me voy a meter a la cama a hacer cualquier cosa menos dormir. Insomne por antonomasia, sé.

[Once cuarenta y seis.]

jueves, 4 de octubre de 2012

02

La noche está fría de soledad, es como un escalofrío en mi alma y no en el cuerpo. Le doy vuelta a mis miedos, a mis espejismos, a mis lágrimas y no hallo un solo farol que me suavice las piedras. A ratos creo que lo oscuro reside en mí, así como mis glóbulos rojos son más grandes de lo normal. Inevitable e inherente, dos palabras potentes que me inundan hoy.

Debería estar leyendo, eso pasa con las carreras humanistas, hay que estar leyendo todo el puto tiempo. Incluso la culpa aborda cuando se mira un paisaje bonito. Pero bueno, dichosos los que vivimos, respiramos y nos movemos en el mundo sin sentir culpa. Debería estar leyendo pero no lo estoy haciendo, una nota no define mi persona... en cambio el arrebol sí.

Quiero dejar esta frase por aquí, fue la que cambió todo lo que pensaba escribir. Mañana será.

"Si se desprecia la reverencia de Dios, que el amor a la honestidad contenga la desvergüenza."

[Tres cuarenta y nueve.]

miércoles, 3 de octubre de 2012

01

De todo lo que he leído para mi prueba de mañana, esto me hizo pensar que, en definitiva, soy una persona increíblemente terca y posesiva. No importan los hechos, importa mi sentir.
"La envidia es del bien ajeno. Los celos, en cambio, se refieren al bien propio (uno cela lo que considera como suyo)."

Puta que es verdad.

[Dos y dieciséis.]

lunes, 1 de octubre de 2012

Lucía

Otra vez un blog, parece que no me canso. Es como una necesidad imperiosa de escribir, de hablar, de expresarme, de darme a entender. Y además público, quizás para alimentar mi ego, en una de esas mi autoestima, ¿pero quién verdaderamente puede decirlo?

Antes era más poética para escribir, más metafórica, más deslumbrante a la vista. Un deleite de palabras, me dijeron. Y puta, como que he mutado harto en el camino, es inevitable, pienso, cuando pasan los inviernos por uno. ¡Tan vieja que soy, por la chucha! Existencialista y ameba la vida entera. Amante de mis zapatillas también. 

Decir que soy lesbiana y que me encantan las mujeres debería tener al menos cinco párrafos. Que los números pulsan en mi sangre otros tres. Construirme en oraciones me resulta difícil, jamás existirá una palabra que me defina por completo. Quizás mi nombre esté a la altura, con él tiro la caballería encima, posesiva e impulsivamente. ¿Cómo no?, es el único nombre que voy a tener mientras respire.

Necesito recordar que el número de la casa vieja de mi mamá era el veinticuatro, que mi abuela escribía cada día de lluvia, que las calas le gustan a mi tía porque cuando era pequeña en su jardín habían demasiadas. Últimamente el pasado no para de inmiscuirse en mis reflexiones, los recuerdos que mis familiares traen al presente y me hacen pensar. 

Fumo como condenada cuando necesito despejar mi mente, más bien llenarla de humo para que algunas cosas se me olviden o se queden a media reminiscencia. ¿Cuál será este afán de describirme? Creo que tiene que ver con que es la primera entrada. Uno suele dar los parámetros y los límites cuando se presenta. Tal vez es simple esquizofrenia.

El título es el nombre de la única hija que habita en mi interior. Un hijo siempre es un principio, un origen, una fuente de vida y de nuevas experiencias. Las asociaciones que hace mi inconsciente están influidas por demasiados libros y monitos animados. No quiero que deje de ser invierno.

Estoy enamorada con la vida y me rehúso con el alma a olvidar. Llevaba un rato decidiendo si escribirlo o no, quizás porque la sangre promete ilusiones que el frío se encarga de concretar. A ratos me da por volverme nube y convertirme en río, es la forma más noble de suicidio que se me ocurre. 

Y tengo insomnio. Esa es la constante de mi escribir, las horas que debería consumir en sueño y que pierdo en contemplar la inmensa noche y su luna maravillosa.

Esta soy. Respirando, viviendo, sintiendo con cada fibra de mi ser como es que la tierra gira, las plantas crecen, las personas sonríen y las lágrimas escocen en el pecho. 

Inhalar y exhalar. Números y letras. Sístole y diástole. Verdades y... dolor. Silencio, quizás, infinitas omisiones y desaires. Tinta y agua de mar.

Aquí me hallo.

[Una y diecisiete.]