miércoles, 18 de septiembre de 2013

43

Tomamos jugo porque hace un calor de mierda en la ciudad hoy. El mío es de naranja y el tuyo de durazno. No podemos hacernos las extravagantes en este café que está lleno de gente con cultura, elegancia y plata. Tampoco me importa, al final igual te tomo la mano sobre la mesa frente a todos los que nos miran -con una curiosidad que raya en la fijación- porque puta, soy valiente, sí, pero bien lejos de mi casa y de los que me importan.

Pero tú me lo perdonas porque te asusta soberbiamente la soledad. Entonces te disculpas con tus ideales de mujer independiente, entregada a que soy la última oportunidad que tienes de sentirte viva. Y por esos mis pendejerías no te importan, como que me invites a un café urbano y yo me pida "sólo un jugo, por favor, algo caliente sería redundante con este clima", como que te maquilles para verte preciosa y yo sólo haga comentarios respecto a tu impuntualidad constante, como que no sea capaz de asumir públicamente nuestra relación a pesar de que vivo contigo, de ti, casi todos los días.

Por la cresta, ni siquiera sé en qué universidad estudiaste, el nombre de tus padres o tu color favorito. Tú, en cambio, te sabes todas mis tallas, que me gusta dormir sola y que no creo en el matrimonio para siempre. Al menos el sexo es bueno, te dices todos los días, yo jamás apago la luz y estaría mintiendo si no admitiera que tu cuerpo me encanta.

Estás callada hoy, te digo. 
Quiero terminar con esto, respondes sin mirarme. 
¿Con qué? ¿Por qué?, te pregunto mientras revuelvo mi jugo. 
No me amas no más, contestas triste.
Pero te quiero, confieso asustada.

Y tus ojos me miran hondo por primera vez desde que nos conocemos. Te levantas de tu asiento, dejas unos billetes sobre la mesa, me das un beso en la mejilla y me sonríes. Cuando mi jugo se termina me doy cuenta de tres cosas: que tengo frío y te llevaste mi chaqueta, que voy a tener que devolverme caminando a mi casa y que probablemente no vuelva a verte de nuevo. Nunca más.

[Tres cincuenta y uno.]

jueves, 12 de septiembre de 2013

42

Yo salí a buscarte, a hablarte, a enamorarme de nuevo.
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Mientras más tiempo pasa, más creo que me encanta mi país. Me gusta septiembre, me gustas las fiestas patrias, me gusta el ambiente, la comida y la familia.

Yo nací bien en Chile. Y quiero morirme aquí.

[Una treinta y uno.] 

jueves, 5 de septiembre de 2013

41

Te escribo una carta todas las tardes, todas las putas tardes. Mientras el cigarro se calienta entre mis dedos yo me acuerdo de todo lo que vivimos estos años. Hay días en que no quiero decirte nada y me obligo a tomar el lápiz para contarte cualquier cosa. Como que la mesa del patio está llena de huellas de gato porque hay una capa de polvo que lo permite. Y no me da vergüenza que sepas que no limpio porque si vieras la cantidad de ceniza que hay en el velador, en la ducha o en mis camisas, te morderías el labio con rabia.

Es que si no estás tú para hacer aseo, yo no lo hago. Tampoco me alimento bien, prefiero comer un chacarero con pebre en la esquina que llegar a la casa y que no haya un plato de comida caliente. Lo único que se mantiene a toda regla es el pasto, a ese hijo de puta lo corto todos los martes y sábados. Esos son los días en que llegaba temprano del trabajo y podía ver televisión mientras tu planchabas al lado mío. Era mi momento favorito de la semana y sé, mil veces sé, que si te devuelves arrepentida, va a ser por la tarde de uno de esos días. Y la primera cosa que verás será el jardín. Sí.

Y para que no sepas todo lo que te he necesitado conmigo, el pasto lo mantengo bonito. Corto y regado. Pero si te dedicas a mirarlo de cerca vas a encontrar ceniza. Y muchas migas de pan, que los chacareros me los como en el suelo, al lado de tu gruta. Me gusta comer acompañado y la Virgen del Carmen siempre me mira con los ojos bien abiertos.

No le prendo velas eso sí, esas son huevadas tuyas. Porque si la vieja de mierda hubiese escuchado tus rezos, yo no te hubiese sacado la cresta. Y si escuchara los míos, estarías aquí para hacerme almuerzo.

[Una y quince.]