jueves, 8 de noviembre de 2012

08

"El mar la llamaba y ella se entregó."

Y me fui a la playa, así, un miércoles en un bus cualquiera, por unas horas. Dije que era para comer reineta -forever antojada- pero más era para estar con mi amado mar. Con su fuerza, su rugir, su explotar cíclicamente y su frío. Porque me encanta el agua que me congela hasta el espinazo y las mareas de bandera roja para arriba; así me crié.

Tenía miedo de ir, la última vez que pisé arena mi corazón estaba lleno y pleno, mis besos tenían destino y el oleaje me traía un sólo nombre a la cabeza. Hoy fue como volver a la soledad tranquila que siempre me causaba estar frente al mar, meterme en el agua y saber con certeza que le pertenezco. Pero el rumor de las olas no cesó de enunciar un nombre, ese mismo nombre y el cigarro terminó por consumirse entre mis dedos.

Decidí el tema de mi primera novela, va a ser casi ridículo el parecido con mi vida y las de quienes se entrelazan con la mía. Los cambios van a ser sutiles pero suficientes para cambiar todo aquello que yo no he querido. No me arrepiento de mis decisiones o de mis acciones, cuando pienso en el pasado tiendo más a querer revivir ciertos momentos, ciertos roces y ciertas miradas.


¿Es normal vivir pensando en ella? Estar como posesa recordando, sintiendo, vibrando... estoy terriblemente jodida, por la chucha.

Entonces eso, mi novela va a ser absolutamente predecible. Ah, por cierto, en mi funeral no quiero claveles, quiero que derramen tequila en mis flores en vez de agua y que nadie llore. Soy cruel, sé.


[Una y cinco.]

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