Me hice un piercing y se va a acabar el año. No soporto el calor del verano y ya me he leído tres libros de los que saqué. Me queda media botella de tequila y nueve cigarros -Lucky Click, por supuesto-. Todavía no me corto el pelo y voy en el cuarto prestigio de Call of Duty. Aún no como milcao y tengo unas ganas imposibles de jugar basquetball. Debería hacer una lista de deseos para este año pero ando con demasiada flojera como para eso; el calor me aturde y estupidiza.
Hace poco le mostré parte de mi vida escrita a la Pantufla porque me da pánico borrar todo eso de mí. Ando tan enojada conmigo misma y la vida que siento que en cualquier momento voy a explotar y dejar zorra entera con todo lo que he estado tratando de cuidar desde agosto. Odio agosto con el alma, es un mes que debería extinguirse y desaparecer de mis calendarios.
La cosa es que quiero escribir largo y tendido de las historias que se me vienen a la cabeza y, para ser sincera, la mayoría son de amor. Estoy apestada, pienso, y por eso prefiero mirar como los damascos de mi patio maduran a sentarme frente a un word o un cuaderno y dejarme fluir.
Quiero melón con vino y quiero no sentirme sola y angustiada cuando trato -por horas- de dormir.
[Dos y once.]
No hay comentarios:
Publicar un comentario