viernes, 15 de noviembre de 2013

48

Estoy a final de semestre y en vez de leer todo lo que debería leer, pienso. Pienso, divago e imagino. Y en eso se me van las horas. Como hoy, que estuve desde temprano pensando en ti y en la vida que construimos para nuestro futuro.

Me deprime creer que todo eso se ha perdido, que tú llevas la vida a un ritmo del que ya no soy parte, que antes no podíamos estar una noche sin dormir juntas, que yo pasaba de largo, que a ti te invadía el frío. Y de pronto nos encontramos así, respirando separadas.

Sé, por ejemplo, que en este preciso nanosegundo estoy lejos de aparecer por tu mente.

Y hay días en que me pregunto si no es mejor buscarte, ser tu amiga, no perderte de mi vida aunque ya nunca más sea dueña de tus suspiros. Porque mientras más pasa el tiempo, más se distancian nuestros caminos y de aquí a cinco años, voy a toparme contigo en una calle, una esquina, un bar o un puente y no vamos a reconocernos. Te saludaré de abrazo, rodeándote la cintura, mas tu sonrisa será de un cariño sin pasión y la mía un intento de mentira. Se me va a partir el alma, juro, si el tiempo nos transforma en eso. Y entonces caigo en cuenta de que no, de que me rehúso profundamente a tu amistad. Sin menospreciarla, no la quiero, no así, doliéndome la pérdida, añorando el pasado.

En las madrugadas me da por enamorarme de nuevo, ¿sabes?, desvestirme del luto y buscar nuevas semillas como las que aparecieron en tu vida. Empiezo a imaginar a una mujer, a describir que es lo que me gustaría, lo que quiero, lo que necesito; enumero las características, las miradas, el sabor de su piel y termino, indudable e incansablemente termino, en ti. 

Entonces me siento triste y decido dormir, pero se me angustia el pecho. A veces lloro, otras sólo me duelo hondo. Y me doy vueltas en la cama hasta quedar en la posición exacta, de lado y con el brazo izquierdo extendido, volviendo a evocarte en la oscuridad. 

Y resto, amor, de siete en siete, para dejar de sentirte.

En eso se me van las noches. Unas hijas de puta desde que estoy sin ti.

[Tres y once.]

lunes, 11 de noviembre de 2013

47

Me meto a tu blog, Guerra, porque me encantan las canciones que elegiste para él. Debo admitir que a veces lo abro sin leer las novedades sólo porque quiero perderme en las melodías que enmarcan tus palabras.

Pero igual te leo, tarde o temprano. Y me siento vieja, ¿sabes?, siento como han pasado los años en mí al leerte madura, grande, mujer. Tan mujer que me revolotean los labios en una sonrisa, pensando, recordando, nuestras millones de conversaciones en las que me dejabas ver tus escritos y yo, malvada del alma, te los hacía mierda.

Pero mírate ahora, tan prolija, profunda y única que ni siquiera podría darte un abrazo fraterno y horizontal de compañera de letras, no, estás a años luz de mí. Y me alegro y enorgullezco de tu mente rauda y audaz; mas me entristezco y avergüenzo de mi habilidad actual para pulir carbones.

Erís el tremendo diamante, A. P., y jamás nunca te lo voy a decir. Tu alma se volvió magma cuando conociste el amor y es ese mismo candor el que yo veía atrapado en tus pupilas cuando nos conocimos.

[Tres cuarenta y nueve.] 

martes, 5 de noviembre de 2013

46

Llevo tanto tiempo procurando volver a mi camino que se me ha olvidado cómo controlar mis emociones. Me daba miedo volverme dependiente; ahora me siento sola entre tanto caos. Y me pesan los hombros, cargados de cobardía, por no ser capaz de terminar con el dolor y las amistades como en tiempos lejanos.

No sirve arrastrar las situaciones y, la verdad, me importa una soberana wea la poca capacidad de confrontación. Esta soledad es nueva, de reciprocidad inconclusa.

¿De qué cresta me sirve tenerme si no puedo compartirme? Intolerante, terca, orgullosa, intensa. No eran defectos, juro que no.

Quiero mandar todo a la cresta en serio.

-----

Feliz cumpleaños, quise decirte, regálame tu día y déjame hacerte feliz.

[Una y veinte.]