La Pantufla tiene razón, fue una excusa la que le dije, no la verdad absoluta. Y es que si no me justifico, me voy a la mismísima mierda.
[Doce y treinta.]
lunes, 26 de agosto de 2013
jueves, 22 de agosto de 2013
39
Extracto de Calipso.
"No sé si alguna vez te ha pasado que lees, ves o escuchas algo que te paraliza todos los sentidos, no alcanza a bloqueártelos, pero los detiene en el espacio y el tiempo. Hablo de un dolor a la altura del esternón que más que quitarte el aire, te comprime el alma y la vida, te consume los colores, su nitidez, y de pronto te hallas con la garganta áspera y con un cosquilleo que te recorre la espina como un escalofrío sutil. Ajeno.
Me pasa siempre que me entero de verdades que no quiero saber, no importa si es de forma directa o no, me quitan hasta la respiración. Y después, después viene la quietud y el dolor, uno que te cala hondo pero con parsimonia. Lento, frío, tortuoso. Y el corazón te pulsa en la cabeza ante el recuerdo. Y quizás la culpa.
A mí me dan ganas de llorar, de estar sola, de exiliarme lejos. Y siempre me miro las zapatillas como si en ellas estuviesen las respuestas que busco. Y la calma, sí. Porque nunca me arrepiento de mis decisiones. Jamás. Incluso si son devastadoras después, si las consecuencias son esas verdades de las que me entero y le quitan el brillo al cielo.
Días oscuros, opacos, te lo escuché alguna vez. Esos momentos realmente malos que recuerdas con detalles. Nunca te digo que hay muchas de nuestras conversaciones que a veces se me devuelven a la cabeza y resuenan con otro tono. Mi insomnio es profuso algunas noches.
Pero esos momentos tristes pasan. Dejan un eco intenso, una huella, y pasan. Que a la noche le sigue siempre el día, aunque no duermas. Y, al menos a mí, me arrulla mejor el sol que la luna."
[Veintidós treinta y ocho.]
lunes, 19 de agosto de 2013
38
A veces me da miedo vivir. Es lo incierto lo que me inquieta.
"Quiero escribirte para encontrarte.
Mi anhelo es que un día pilles estas hojas y las leas, incluso si mi nombre se ha perdido, sólo quiero que mis palabras llenen tus labios cuando las digas en voz alta. Hallándome en ti, egoísta, sin que lo sepas.
Y es que te extraño, con el dolor del olvido reprimido, con la nostalgia iluminándome las pupilas."
Cuando la luz se atenúa, la vida y la muerte se abrazan.
[Una y dos.]
viernes, 2 de agosto de 2013
37
Sentadas en una mesa del lugar, piña colada y ruso negro de por medio, Consuelo me miró a los ojos ya sin sonreír y me dijo "encuentro malo lo que hiciste, tomaste una decisión que no te correspondía, una que creíste nadie más que tú se la podía y pecaste de mártir... No me parece, no debiste, es una actitud soberbia que no se puede justificar, y no, no importa que tan mal haya estado todo". Corta, precisa y contundente.
Y yo, yo revolví mi trago, ansiando nicotina en mis venas y suspiré. Suspiré culpable. Me encanta pensarme soberbia pero las veces en que otra persona me lo dice me siento mal. Puta que le encontré razón, tomé la decisión sensata asumiendo que no había nada más que hacer, that was my call, que no podía ser tan egoísta. Pero lo fui en muchos otros aspectos. Y sólo hasta ahora lo sé, lo que me cambia un tanto la perspectiva.
Pero soy una terca. Muy. Y para mi la sangre marca la vida.
Maipú queda a la chucha y me agota. Me cansa el viaje y la gente ineficiente, como que me asfixian. Menos mal la Clau lo hace llevadero.
Mi jefa no jefa, una salida a tomar con ella y su forma de ver las cosas me avasalló por completo. Me llamó soberbia y egoísta, yo le respondí zorra y llorona.
No quiero seguir pensando, me descuadra los unicornios internos. Dallas, en cambio, baila y brilla con libertad.
[Dos cinco.]
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