En noches así me pregunto si no estaré mintiéndome a mí misma con esto que pretendo ser, con la manera que tengo de acercarme a las personas y abordar las preguntas que me surgen. Hace años me definía como antisocial y ahora, ahora no sé si me gusta esta forma de ser que ya se ha hecho tan mía.
Dos días atrás vi a la Raisa en el metro. Era dos cursos más arriba que yo, en la revolución pingüina fue la que dirigió a los alumnos de mi colegio y siempre me abismó su forma de ser. No entendía cómo cresta tanta fuerza y tanto temple podían caber en una sola persona, cómo era que en sus discursos las palabras fueran tan hiladas sin que las preparara. Quedó embarazada en cuarto medio y fue cara raja a las clases y al colegio, no importaba lo que nadie dijera. Ella, creía yo, daba pasos certeros, independiente de si fuesen correctos o no, de si estuviesen en su plan de vida, pisaba firme y hondo, sin tambalear.
Eso hace que me cuestione si yo soy capaz de hacer lo mismo y no puedo darme una respuesta, no termino de decidir si me gusta esto que soy ahora, esta mujer asumida en su humanidad amante de tantas cosas, perdidamente enamorada y a la espera, preocupada de tantos detalles, agresiva para hablar y brutalmente honesta.
Quería ser una huracán de pisadas firmes y me topo con que me asemejo más a una tormenta que rompe las nubes y la lluvia. Me gusto, sí, pero sé con certeza que podría mutarme de otras maneras que fuesen menos dañinas y más tranquilas. Como si buscara ir con los puños por delante, preparada para sacarle la chucha al primer imbécil que se me cruce. Y mi corazón que no está en mi pecho y si entre las manos de ella. Con mi sangre dentro... sonrío de verdad sabiéndolo.
A ratos creo que pasaré en las personas como pasa una estación de cualquier año en cualquier siglo. Pero no, me he convertido en un ser a tal punto destructivo con las costumbres de quienes me rodean que parece ser imposible que no quede nada de mí.
Me quiero ir lejos. Tan lejos que el corazón me duela tremendamente y tenga que devolverme a buscar lo que es mío, que la renuncia deje de ser una verdad y se transforme en el encuentro. Después de todo, el tiempo es una mierda y por más que mire todos los espejos existentes el único reflejo que van a proyectar es el mío. Siempre el mío.
Que no hay dos Thiare en el mundo. Sólo una como yo, con mis inseguridades, mis miedos, mis manos, mis sonrisas, mis verdades, mis zapatillas y mis besos. Ni una sola otra en la vida y la existencia.
Just me, I'm so fucking sorry!
[Dos y cuarenta.]
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