Anda un zancudo en mi pieza. Puto zancudo que me tiene inquieta entre el calor, la poca ropa y la falta de sábanas. Creo que ahora sólo me tapo con mi -y a la vez no- mantita porque no se me ocurre otra forma de inducirme el sueño. Decir que tengo insomnio me parece ya vago y superfluo, como de bajo nivel, como un eufemismo. Mi cerebro va a colapsar uno de estos días porque no descansa.
Saqué catorce libros para leer -uno más y quizás me fumaba una cajetilla entera-, mis clases terminaron, mi ayudante de Modelos fue la última clase con los labios rojos. La elegí por eso el primer día y no se dignó a maquillarse en ninguna puta ayudantía excepto la final, claro; creo que estaba embobada mirándola y perdiéndome en pensamientos que ya se me hacen lejanos. Aún me falta saber si pasé ese ramo o no.
He descubierto, también, que los temas burocráticos se me hacen terriblemente tediosos y que durante el día, a todo sol, ando más abrigada que por las noches, que hace frío, y yo me rehúso terminantemente a vestirme siquiera. Y está el hecho de que hay gente a la que le importo, hay personas que verdaderamente me quieren.
Hoy, hablando y no hablando de mí, así medio abstrayéndome del aquí y el ahora, me di cuenta de que no disto mucho de los griegos y los romanos, de Aquíles. Sí, así de soberbia y presuntuosa con eso, de compararme sin rodeos con el espartano más conocido de esos tiempos, y es que creo que en parte Grecia me encanta por eso, por Aquiles, porque él sabía bien que la carne y la vida tienen un fin, el mismo fin miserable e inevitable -¿inefable?- que compartimos en esta época los seres vivos, pero que el nombre es capaz de prevalecer eras y eras. Y puta, sí, yo quiero eso, pero no a gran escala, no me interesa que el mundo me conozca, me importa más dejar una huella en quienes conozco. Una marca de esas de "oh, cuando yo iba en [inserte institución en la fui parte de su vida] conocí a la Thiare, una persona loca y arrebatada que era brutalmente honesta con todas sus opiniones y juicios y que [inserte aquí cosa que más le marcó de mí]", como que sé que es narcisista y egocéntrico pero no vale la pena que yo pase por la vida de alguien como pasan las nubes o los rayos de sol todos los días, no, yo quiero ser como un desastre natural que se recuerde y que haya dejado algo valioso detrás.
Creo que me da miedo no ser en una persona, no tener peso y significado. No sé en verdad, suena más superficial y estúpido ahora que lo escribo, en mi cabeza tiene todo un puto sentido.
La verdad nunca es plana. La vida se da vuelta de carnero a veces. Ruth me remece todos los días.
El problema de querer dejar esa marca es que si quisiera suicidarme sería el caos. A veces lo pienso, tirarme en un puente donde abajo corran autos, habiéndome tajeado las venas previamente, por cierto, que hay que tener cuidado con no fallar, creo. Mejor dos métodos juntos que uno sólo -aunque vaya contra la ley de probabilidades que dice que entre más se suman factores, más grande se hace el abismo para su realización-. Pero sería dolerle a quienes me importan de verdad, cagarles un poco la psiquis, más que mal, es raro alguien se mate sin dar explicaciones, sin dejar una carta detrás. Así, de un día para otro, que yo dejara de existir y punto. Nunca más yo.
Van más de cuatro meses ya. Cuando me preguntan "¿y tu corazón?" -a veces aplican el diminutivo y yo me pongo mala leche- yo respondo siempre lo mismo, una frase sencilla que corta de una el hilo conductor de la conversación hacia esa área de mi vida. Digo que no está en mí, está en las manos del amor de mi vida. Algunos me miran con pena, otros con sorpresa, porque responder con tal honestidad y certeza es un poco raro, harto raro en verdad tomando en cuenta que sólo tengo veintiún años, no más que eso. Pero qué cresta voy a hacer si así siento y así sé. Si esa es toda una vida para mí, es toda mi existencia.
Mi mundo tiene sus verdades, lo mismo mi vida y mis zapatillas. Decidí ser y respirar de una forma -dentro de lo que puedo tener libre albedrío con eso- y bien tengo claro que eso me conforma, me estabiliza y me empuja.
Estoy cometiendo locuras, sí. Que irme a Viña, que irme a San José de Maipo de noche, que irme a los cerros, que bautizar rayitos de sol, que bailar a las cinco de la mañana en vez de ser un humano normal y dormir. Ahora me quiero ir a Chiloé. Y una parte de mí siente que esas arrancadas son una forma de escapar de la opresión de mis pensamientos y verdades, de un sentir y un amar que me duele exteriorizar.
Una vez escribí que el amor de mi vida me esperaría en mi estación de metro sin saber siquiera mi horario, ahora pienso más bien que es la revés, que soy yo en la estación, enloquecida de sentir, aguardando, esperando, queriendo besar y mirar. Existiendo. Amando.
Hoy ando compleja y sin estilo propio al escribir. Es que no tengo uno en verdad. Como no tengo olor distintivo ni tampoco sueño. Carezco de tanta weá importante, oye.
[Dos veintisiete.]