viernes, 9 de noviembre de 2012

09

¿Y qué cresta pasó con tus ochenta y mis ochenta y dos? Con mi sillón burdeo y tus paredes de colores. Dime, cuéntame, explícame dónde está esa mirada en el café, el naranjo, los números imaginarios y tu jumper verde. ¿Sabes que es lo más triste? Que nosotras trascendemos los nanosegundos, los yoctómetros, las palabras y hasta la vida, mi amor, sabemos.

Mi novela avanza a un ritmo condenadamente súbito dentro de mi cabeza pero es inexistente en el papel -incluso en el virtual-. Ahora estoy chata con el puto poster de Taller III y mañana hay un carrete en Gomez Millas al que no voy a poder ir. Estoy pegada con Somebody that I used to know, con el video y la canción y la letra y las intervenciones de la mina. También me terminé un libro y quiero copiar una frase que me encantó.
"El día del entierro comprendí por qué en las películas los funerales se filman siempre con lluvia. En el cementerio donde lo enterraron los pájaros cantaban, había flores, el césped brillaba. Comprendí que la luz del sol es despiadada, son las sombras las que nos protegen.
Ningún gesto se escapa de la vista de los demás. Ningún rictus de dolor. Con tanta luz, con tanta claridad, era más dramática aún la idea de la muerte.  
[Los ojos del perro siberiano.]"

Temblar con la sola idea de que yo no exista más, ni un sólo minuto más bajo este cielo, respirando este mismo aire... sin luz en mis ojos nunca más.


[Tres cuarenta y tres.] 

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