Sentadas en una mesa del lugar, piña colada y ruso negro de por medio, Consuelo me miró a los ojos ya sin sonreír y me dijo "encuentro malo lo que hiciste, tomaste una decisión que no te correspondía, una que creíste nadie más que tú se la podía y pecaste de mártir... No me parece, no debiste, es una actitud soberbia que no se puede justificar, y no, no importa que tan mal haya estado todo". Corta, precisa y contundente.
Y yo, yo revolví mi trago, ansiando nicotina en mis venas y suspiré. Suspiré culpable. Me encanta pensarme soberbia pero las veces en que otra persona me lo dice me siento mal. Puta que le encontré razón, tomé la decisión sensata asumiendo que no había nada más que hacer, that was my call, que no podía ser tan egoísta. Pero lo fui en muchos otros aspectos. Y sólo hasta ahora lo sé, lo que me cambia un tanto la perspectiva.
Pero soy una terca. Muy. Y para mi la sangre marca la vida.
Maipú queda a la chucha y me agota. Me cansa el viaje y la gente ineficiente, como que me asfixian. Menos mal la Clau lo hace llevadero.
Mi jefa no jefa, una salida a tomar con ella y su forma de ver las cosas me avasalló por completo. Me llamó soberbia y egoísta, yo le respondí zorra y llorona.
No quiero seguir pensando, me descuadra los unicornios internos. Dallas, en cambio, baila y brilla con libertad.
[Dos cinco.]
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