lunes, 29 de abril de 2013

29

"Rosario, Gracia mía, esos días en los que te conocí no se marchan. Eras tan parecida a la dulzura que tu asalto me venía insospechado. Te imaginaba -y hasta a veces te tenía- tendida y en vigilia. Pero pronto, con el control de una fiera, gritabas venenosa y deliciosa. Con esos pelos que nadie más podía tener eras despótica, chillona y curvada de baja espalda. Con la pelvis levantada eras el capricho y yo no podía más que esforzarme por seguirte: en ti me perdía. Iba de lado a lado buscando tocarte más adentro, buscando alcanzarte. Sé que igualmente te gustaba dormir bajo mi aliento y abrazarte con mis piernas, compartir incluso el descanso. Todos mis momentos eran tuyos, cada una de mis cosas y todas mis vacilaciones las conocías. A cada paso salías a mi encuentro y yo necesitaba extrañarte, tener dudas, sufrirte. Te dejaba y volvía a obligarte a estar conmigo, era presa de la misma histeria, del mismo deseo, la misma compulsión. Era urgente recuperarte. Me disculpo por mi parte, pero no la olvido ni la cambio, porque no pude más que haberte amado cuando me lo pedías, cuando me lo decías así, cuando todo lo que me ofrecías yo lo quería atávicamente y tú me lo dabas porque sí. 

Ya pronto vamos a separarnos, no importa si no queremos, no podemos hacerlo de otra forma, llegó el día. No sé si no voy a seguir amándote, pero al menos no puedo seguir diciéndotelo. Haz el esfuerzo de entenderme, dame por ésta última vez alguna muestra de comprensión, de compasión. Necesito paz, no puedo darte nada más, no tengo alternativa. Perdóname.

Te pensaré siempre.

Ernesto."

Me lo robé de Valentina en facebook, fue un post que borró y que yo alcancé a guardar. Es entendible el por qué.

Es mayo ya.

[Veinte cincuenta y ocho.]

No hay comentarios:

Publicar un comentario