domingo, 24 de marzo de 2013

27

Me encantan las pelirojas, sí.

Y voy a escribirlo con una sola "r" porque me es más estético y más hondo, menos complicado. Y ya que estamos con esas debería confesar que también me encaman, puta que me encaman, ¡por la cresta!. Desde que tengo memoria me llaman la atención. El color de pelo, las pecas, los ojos claros, la piel blanca y la personalidad irascible. Bueno, todo, que las tempestades rojas me trastornan hasta niveles demasiado complejos.

Es que no puedo evitarlo. Medio me atrapan, medio me aturden, una suerte de hipnosis y fijación. Además de ser un puto cliché, porque a tanta gente le gustan las pelirojas que no tiene novedad que a mi me muevan el piso. Es el pelo y la actitud, el porte y el color. No lo sé. Le fascinan a ese lado fleto activo que tengo.

Puta, me acaba de dar risa eso último, soy dominante casi por antonomasia, sabemos.  

Ahora pienso en Grecia y una peliroja en mi cama... no debería costarme asociar esos dos placeres en mi cabeza e imaginarlos, but I can't. No, me asumo incapaz, mi mente empieza a dibujar una gata cobriza, el mar y a Kalisto.

¿Cuando voy a dejar de sentir una vida paralela? Y sé que no es opcional porque no quiero.

Hay algo que quiero aclarar eso sí: entre cualquier peliroja del mundo, incluso si se tratase de la más guapa e increíble de todas, ni una sola podría superar a Jodie Foster, no. Ella, ella me puede porque sí.

[Tres y veinte.]

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